Destaca el acceso a la bodega, cuya doble puerta es la mayor de todas las existentes en el conjunto de bodegas. Dispone de amplios cuarterones superiores que podían abrirse para favorecer la ventilación durante el proceso de llenado de las cubas, cuando el mosto se descendía al interior.
La bodega se encuentra a una profundidad de 10,91 metros y transcurre paralela a la calle de las Boticas, al final de la galería, en uno de sus arcos, pueden observarse diferentes marcas de cantero.
A través de la Bodega del Bolo se accede hoy a la denominada Bodega del Tío Follelle, recuperada en 1988 y conservada prácticamente inalterada desde su construcción. Destaca su gran altura, con robustos arcos de piedra muy próximos entre sí, así como los refuerzos entre arcos en forma de nervio de la bóveda.
La bodega mantiene todavía las cubas de madera, grandes recipientes destinados a la fermentación del vino, cuya capacidad estándar era de unas 200 cántaras (aproximadamente 3.200 litros cada una), aunque en ocasiones variaba en función del espacio disponible, como puede apreciarse en este caso.
En esta bodega tiene su sede la Peña El Chilindrón, fundada en 1975.